Acuarela,
tinta china, acrílicos y flores secas sobre papel
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x 69
Encarna un ser arquetípico de poder espiritual, suavidad etérea y conexión
con las fuerzas de la naturaleza. Su cuerpo, marcado por tonos verdosos y
violetas, flota en una atmósfera mística donde lo celestial y lo terrenal se
entrelazan. Las ramas que emergen de su cabeza como astas sagradas la vinculan
con el bosque, mientras que las nubes que la envuelven nos recuerdan su
carácter intangible, como si habitara entre el cielo y los sueños. Este espíritu
se presenta como guardiana de lo invisible de lo que surge en las nubes e
ilumina el cielo. Es una guía y una intermediaria entre mundos. La obra habla
de la fuerza femenina que no necesita imponerse, sino que transforma desde la
quietud, la contemplación y la profundidad interior. Princesa Nube es
una aparición onírica que despierta en quien la observa una pregunta: ¿qué
partes de nuestra alma habitan aún en la niebla? ¿Qué saberes aguardan en el
silencio de lo sutil?