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Esta pintura es una ofrenda, un locus para que habiten estos niños que en mi
memoria quedaron grabados, no de una bella manera sino de la manera mas cruel y
destructiva que puede llevar uno en el recuerdo. Niños con un terrorífico vacío
en sus miradas, su nacer y vivir en la calle y su forma de vida alterada por
sustancias psicotrópicas les había quitado su alma y eran solo seres-niños
vacíos, poseídos por lo más denso del mundo, sin gracia, ni vida, talvez se
movían por inercia. Yo con el corazón partido y lágrimas, pinté este cuadro
como una forma de darles a estos niños un refugio, un sentido y más que nada,
portarme como Dios lo hubiese hecho, devolviéndoles su alma, yo lo hice a
través de este habitad onírico donde podrán sentirse protegidos y salvados de
su propio terror.