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Es una pintura que nos sumerge en un mundo de sabiduría
espiritual y transmutación interior a través del lenguaje simbólico de la
naturaleza. La figura central, un ser alquímico con corazón luminoso y cabeza
de ave, se erige como guía entre dimensiones, rodeado de árboles que arden en
soles, flores con ojos visionarios y aves que cantan la verdad sutil del alma.
La obra despliega un jardín visionario en el que los pájaros, símbolos de la
libertad del espíritu, custodian la conexión entre el cielo y la tierra. Las
formas oníricas, los colores vibrantes y los elementos místicos invitan al
espectador a adentrarse en un paisaje del inconsciente, donde florece la
alquimia entre la materia y el éter creativo.
En esta obra, la artista convoca un universo simbólico donde lo vegetal, lo
animal y lo espiritual se entrelazan en una danza de colores y formas,
iluminando el proceso interior de transformación y conexión con lo sagrado.