44,5x29,5
El ojo,
presente en múltiples formas, se convierte en un umbral que observa y es
observado, mientras cuerpos y figuras se diluyen en una atmósfera líquida y
mutante. Las formas orgánicas, casi líquidas, emergen como recuerdos
distorsionados de una selva interior, un lugar donde el deseo, la memoria y la
visión se funden. Esta pintura no se deja dominar por la lógica del mundo real:
más bien propone una percepción expandida, donde lo que vemos no siempre es lo
que es. El espejismo aquí es la manifestación de realidades paralelas que
habitan en el inconsciente.