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Es
un portal a la memoria emocional, una representación simbólica del crecimiento
interior, la inocencia y la conexión con la naturaleza como fuente de sabiduría.
En esta el árbol no solo representa la vida, sino la raíz de la identidad
espiritual. Las ramas cargadas de manzanas y flores emergen hacia un cielo que
se funde entre el atardecer y el sueño. El tronco, pintado con una textura que
remite al mosaico del inconsciente, nos habla de un cuerpo interior lleno de
historias y voces infantiles. Las huellas que aparecen difusas en el fondo son
gestos de lo que alguna vez fuimos, y lo que aún llevamos dentro. Este árbol,
entonces, es tanto testigo como guía, entre el mundo visible y el etéreo.